Retrato

EFM pintó un retrato. Hizo todo lo que estaba en sus manos, pero a su pesar el modelo no daba más de sí.

Dominó de Don Quijote

En 1979 se emitió en TVE una serie de dibujos animados sobre Don Quijote que quizá sea de lo mejorcito que ha hecho la animación española para televisión. Guardando las justas proporciones, fue una superproducción en todos los aspectos: se localizaron exteriores para las acuarelas que se usarían como fondo para las animaciones; Juan Pardo firmó el tremendo tema principal, cantado por el dúo infantil Botones e interpretado por la Sinfónica de RTVE, y que hace unos años versionó Mägo de Oz (que no falte el metal umlaut) con algo más de contundencia; finalmente, las voces que doblaron a los personajes principales fueron las de Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis, mientras que a Cervantes le dobló el recientemente fallecido Rafael de Penagos.

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El azafrán silvestre

El azafrán silvestre (Colchicum autumnale, seguramente, aunque quizá sea la Colchicum montanum) o azafrán bastardo (un nombre más sonoro, no se puede negar) es una flor de la familia de las colchicáceas muy común en Somiedo, que conocí gracias a «las «maravillosas personas» que me llevaron a aquellos parajes». A las flores de su género se las llama también cólquicos, y las hay de diferentes colores. Sin embargo, el azafrán «de verdad» (Crocus sativa) pertenece a otro tipo diferente de plantas, la de los crocus, que son muy similares a los cólquicos, aunque mientras los primeros disponen de tres estambres, los cólquicos tienen seis. Precisamente, hace unas semanas María Ángeles me envió una foto de un crocus que tomó en el barranco de Víznar, donde se supone que puede estar enterrado García Lorca, en la granadina Sierra de Alfacar.

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El Reina Sofía desde una caja de zapatos

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía («el Reina Sofía», para los amigos), abril de 2006.
Exposición directa sobre papel fotográfico con una caja de zapatos convertida en cámara estenopeica.

La dedalera

Cerca del gran castaño de la casa de Inés y Antonio, en Reiriz, este agosto pasado se erguía la bonita dedalera de las fotos. La dedalera o digital (Digitalis purpurea) es una planta venenosa que se ha usado desde hace siglos con fines medicinales, y que por su agradable aspecto se utiliza también como planta ornamental. Las flores se asemejan a dedales de color púrpura, lo que explica muchos de los nombres con los que se la conoce, tanto en castellano como en otros idiomas.

Fue el científico inglés William Withering quien en la segunda mitad del siglo XVIII documentó los efectos de la planta, tras ver como una curandera del sur de Inglaterra la usaba junto con otra veintena de ingredientes en un remedio para los problemas de corazón, y deducir que era la digital la causante de la mejoría. Pasó varios años experimentando con diferentes preparaciones de distintas partes de la planta y en diferentes épocas del año, y describió la mejor forma (y más segura) de emplearla.

Actualmente se sigue cultivando de forma industrial para extraer de sus hojas la digitalina, un activo tóxico que se emplea para el tratamiento de muchas enfermedades cardíacas. De hecho, en su libro «Ecocidio», que trata de las extinciones en masa a lo largo de la historia, el sociólogo Broswimmer apunta que «hay más de 3 millones de norteamericanos con cardiopatías cuyas vidas durarían menos de 72 horas de no ser por la digitalina», en referencia a cómo el ser humano depende de la conservación de la biodiversidad.

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