Flores de Mieza: el jaramago

Apuntaba con razón Pedro G. camino de Mieza que la flor que teñía de amarillo el campo era el jaramago. Bajo este nombre de innegable origen árabe pero etimología dudosa se conocen diferentes especies de plantas parecidas a la mostaza que crecen con generosa abundancia cuando llega la primavera, y consideradas malas hierbas en general. Las de las fotos en Mieza quizá sean la Diplotaxis muralis, que una señora del pueblo me dijo que llamaban “muronas”. La facilidad para crecer en muros y tejados se desprende también de algunos de los nombres por los que se la conoce, como wall-rocket en inglés, o “jaramago de tejados” en castellano. En “Madame Bovary”, escribe Flaubert que

Las tapias de las huertas, rematadas en sus bardas con trozos de botellas, parecían arder como el acristalado de un invernadero. Entre los ladrillos habían arraigado mostazas silvestres, y Madame Bovary, al pasar, con la punta de su sombrilla abierta desgranaba en una especie de polvo amarillento las marchitas flores […]

Es una flor muy común, que se ha naturalizado con facilidad en multitud de parajes, y se puede encontrar por doquier, como ésta que aprovechaba el alcorque de un almez cerca de Ventas, en Madrid.

En algunos lugares a ciertos jaramagos los llaman rúcula (sin serlo exactamente, aunque son de la misma familia), con los que se puede apañar una ensalada. El catalán ruca pudenta, el castellano “oruga” u “oruga gentil” o el antes mencionado wall-rocket inglés evocan ese parentesco. Por otro lado, el “rabanillo” o “rabaniza”, o el gallego labestro (del latín napistrum, nabo) indican que también es pariente de estas otras dos crucíferas. En portugués y gallego tiene asimismo el nombre de saramago, origen del apodo de familia y apellido del famoso escritor fallecido recientemente. En España hay unos cuantos centenares de personas con apellido Jaramago o Jaramillo, que parece tener el mismo origen.

Tradicionalmente se ha usado algunas especies como remedio para la afonía y las molestias de garganta de todo tipo (incluso para el coqueluche, un sonoro galicismo sinónimo de la tos ferina), por lo que reciben también el nombre de “hierba de los cantores” (o “de los chantres”, más bonito, o “de San Alberto”, eminente erudito de la Edad Media). En el volumen “Plantas de monte”, de la “Pequeña enciclopedia de agricultura” fechada en el año 1900, se explica que

En medicina se usa el jaramago, preparando con él una pasta que tiene fama de curar la sofocación, la tos producida por la presencia de mucosidades en la tráquea, la ronquera con inflamación ó sin ella, la afonía ó extinción de voz, la tos ferina ó coqueluche, los catarros agudos y crónicos, el trancazo y otras enfermedades de los órganos respiratorios.

Y en determinadas zonas de Oriente Medio y la India parece que las semillas de algunas especies se utilizan además, no podía faltar, como estimulante sexual.