El santo al cielo: San Sebastián

San Sebastián, asaeteado como un acerico, es una de esas figuras del martirologio católico que no cuesta identificar en su representación más común y popular. Su imagen puebla las iglesias de medio mundo, desnudo casi por completo, atado a un poste con expresión dolorida y casi extática a causa de las heridas infligidas por los múltiples flechazos, y es uno de los santos a los que se profesa más devoción y desde más antiguo. De forma un tanto chocante, ha llegado a convertirse también en un icono gay.

La historia de este santo es muy similar a la de la mayoría de los primeros mártires cristianos: Sebastián era un comandante de la guardia pretoriana en la época de los emperadores Diocleciano y Maximiano al que le obligaron a abjurar de su fe cuando se descubrió que era cristiano, y al negarse fue condenado a morir ajusticiado a flechazos. Los soldados le desnudaron, le ataron al poste y ejecutaron la condena, dándole por muerto. Sin embargo, milagrosamente quedó con vida, y fue cuidado por Irene (posteriormente canonizada, que era la mujer de Cástulo, a su vez también santo) hasta que se recuperó de sus heridas. Contumaz en sus creencias, Sebastián aprovechó la primera ocasión que tuvo para reprochar a Maximiano (ó a Diocleciano) la persecución a que eran sometidos los cristianos. El emperador, enfurecido, ordenó que lo golpearan hasta la muerte y tiraran su cadáver (esta vez sí) a un estercolero (por lo que a veces San Sebastián es mencionado como el santo que fue martirizado dos veces). Sus restos fueron recuperados por unos cristianos (según algunas versiones, gracias a que se le apareció a Santa Lucía), que los trasladaron a las catacumbas que hoy en día llevan su nombre en Roma.

Gracias a que se le consideraba protector frente a las plagas y a su condición de soldado, la devoción por San Sebastián creció muchísimo en una época que se prestaba a ello como fue la Edad Media, y tras la Peste Negra que asoló Europa en el siglo XIV fue uno de los personajes que los artistas eligieron con más frecuencia en el Renacimiento como protagonista de sus obras A ello ayudó también que, exceptuando a Jesucristo, no había muchas oportunidades de tomar una figura masculina semidesnuda como motivo, y los pintores y escultores lo veían como el recurso perfecto para recrear los cánones de belleza clásica.

A este respecto, y aunque hoy en día es muy difícil encontrarlo de otra forma, la imagen típica de San Sebastián con el cuerpo atravesado por las flechas no surgió hasta pasado ya el año 1000, siendo representado originalmente con su vestimenta militar e imberbe, pasando luego a usar armadura de mallas (o las vestimentas militares de la época que fuere) y lucir barba, hasta que en la Edad Media pierde de nuevo la barba y aparece ya con el torso desnudo y atado a un poste. Su atributo también cambió de la corona de flores original al arco y las flechas posteriores.

Y ya partir de comienzos del siglo XIX cobra impulso la condición de San Sebastián como figura de culto homosexual (quizá precisamente por su secular asociación a las plagas, en una época en que a la homosexualidad aún se la consideraba como una). Multitud de artistas incorporan referencias en sus obras y lo usan de de forma más o menos explícita en este sentido, como Dickens o Wilde. Entrado ya el siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial el soldado Sebastián aparece con frecuencia como protagonista de poemas homoeróticos, y con el paso de los años aparece en obras de escritores como Kafka, Mishima, Thomas Mann, Rilke, etc. El inolvidable personaje de Sebastian en “Retorno a Brideshead” de Waugh es un ejemplo notable.

Como curiosidad, “Sebastián” y “Agustín” son dos nombres que comparten el mismo esquema etimológico (aunque el primero de origen griego, creado como calco del segundo, de origen romano), siendo ambas derivaciones del significado original “divino, digno de veneración”.

San Sebastián es el patrón de los arqueros y los atletas, entre otros múltiples colectivos, y se celebra el día 20 de enero, en algunos lugares también junto con San Fabián en la festividad de los Santos Mártires. Su identificación como protector frente a plagas y enfermedades ha ayudado a que sea el patrón de infinidad de localidades a lo largo de toda España e Hispanoamérica, como Mieza, Vilvestre, Monistrol de Montserrat, San Sebastián, Huelva, Palma de Mallorca, o incluso Río de Janeiro.

Una buena muestra de la abundancia y ubicuidad de San Sebastián es este grupo de fotografías de imágenes y cuadros que LFG ha tomado en diferentes lugares del país a lo largo de sus viajes. Algunas de ellas son de Pastrana, localidad alcarreña cuyo patrón no podría ser otro que San Sebastián.

San Sebastián


Colegiata de Pastrana
San Sebastián


Colegiata de Pastrana
San Sebastián


Palacio del Infantado, Guadalajara
Martirio de San Sebastián
¿Diego Polo?
segundo tercio del siglo XVII
Museo Provincial de Guadalajara
San Sebastián


Iglesia de Santa María la Real, La Hiniesta (Zamora)
San Sebastián


Iglesia de La Horta, Zamora
San Sebastián


Iglesia parroquial de Santa Maria d'Oló (Barcelona)
San Sebastián


Iglesia de Santa Maria de Creixà, Piera (Barcelona)

Lo que no ocupa lugar: