El azafrán silvestre

El azafrán silvestre (Colchicum autumnale, seguramente, aunque quizá sea la Colchicum montanum) o azafrán bastardo (un nombre más sonoro, no se puede negar) es una flor de la familia de las colchicáceas muy común en Somiedo, que conocí gracias a «las «maravillosas personas» que me llevaron a aquellos parajes». A las flores de su género se las llama también cólquicos, y las hay de diferentes colores. Sin embargo, el azafrán «de verdad» (Crocus sativa) pertenece a otro tipo diferente de plantas, la de los crocus, que son muy similares a los cólquicos, aunque mientras los primeros disponen de tres estambres, los cólquicos tienen seis. Precisamente, hace unas semanas María Ángeles me envió una foto de un crocus que tomó en el barranco de Víznar, donde se supone que puede estar enterrado García Lorca, en la granadina Sierra de Alfacar.

La planta crece a partir de una especie de bulbo que recibe el nombre de cormo, y las hojas aparecen en otoño, tras la floración, y las conserva verdes hasta el verano, cuando las pierde. En algunos sitios se la llama quitameriendas o merendera, porque su aparición coincidía en otoño cuando los días se hacen más cortos, y antaño se eliminaba la merienda para que no se juntase con la cena, que se adelantaba al haber menos luz. Otro nombre que se le da es el de despachapastores, que también describe su aparición con la época en que los pastores tenían que partir a la trashumancia. Es una flor muy abundante en zonas de pasto y prados de montaña, y muchas veces también en sitios con gran presencia de topillos, lo que algunos estudiosos aventuran que más que ser una coincidencia es una relación que beneficia a ambos: el topillo se alimenta de la parte subterránea de la planta, menos tóxica, y esto de alguna forma provoca la reproducción asexual de la flor.

Los cólquicos producen un alcaloide altamente tóxico llamado colchicina, que se sigue usando para el tratamiento de enfermedades como la gota o la pericarditis, e incluso se investiga su posible uso contra el cáncer. Se cree que Catherine Wilson, asesina inglesa de mediados del siglo XIX que murió ejecutada en la horca, usó este veneno para acabar con algunas de sus víctimas.

Además de los ya indicados, al azafrán silvestre entre otros nombres también se le llama matacán, debido a su carácter venenoso. En portugués tiene el bonito nombre de dedo-de-Mercúrio, pero también morte-dos-caês o mata-câo, y cebola-venenosa. Además los portugueses, que siempre han estado en la órbita de los ingleses en muchos sentidos a lo largo de la historia, usan el nombre de dama-nua, análogo al naked lady que se emplea en inglés para denominar esta flor.