Archivos de la categoría Objetos perdidos

Dominó de Don Quijote

En 1979 se emitió en TVE una serie de dibujos animados sobre Don Quijote que quizá sea de lo mejorcito que ha hecho la animación española para televisión. Guardando las justas proporciones, fue una superproducción en todos los aspectos: se localizaron exteriores para las acuarelas que se usarían como fondo para las animaciones; Juan Pardo firmó el tremendo tema principal, cantado por el dúo infantil Botones e interpretado por la Sinfónica de RTVE, y que hace unos años versionó Mägo de Oz (que no falte el metal umlaut) con algo más de contundencia; finalmente, las voces que doblaron a los personajes principales fueron las de Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis, mientras que a Cervantes le dobló el recientemente fallecido Rafael de Penagos.

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Toallita de Aviaco

¿Durante cuánto tiempo se puede guardar una toallita de las que dan (o daban) en los aviones comerciales? La compañía Aviaco como tal dejó de existir en el año 1998, después de 50 años de vida. Sin embargo, alguien ha tenido como mínimo estos 11 años una toallita de Aviaco en el fondo del cajón, hasta que a finales de agosto pasado la usó en los jardines del Retiro que dan a Menéndez Pelayo, y tiró el sobre al suelo, para variar. Más que un objeto perdido, esto es un objeto tirado.

Santa Maravillas de Jesús

Creo recordar que fue en la calle del Duque de Medinaceli, frente a la iglesia, donde me tropecé en otoño de 2008 con la reliquia de Santa Maravillas de Jesús, así que no dudo que se le caería a alguna feligresa. Nunca había oído hablar de la santa, pero seguro que era una señal. Un par de semanas más tarde saltó la polémica sobre la colocación de una placa conmemorativa en el edificio auxiliar al Congreso de los Diputados en cuyo solar nació la buena señora en 1891, y me dije “¡anda!”. Pero se oyeron argumentos como el de la aconfesionalidad del Estado (¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?), y los socialistas le pusieron mala cara al Presidente del Congreso. Bono tuvo que recular, a mi pesar. Durante un tiempo llevé la tarjeta en la cartera, y la cara de los que me veían sacarla era un poema. La reliquia en sí es un trocito de alguna prenda que se supone que usó en vida.

Azucena

Encontré a Azucena hace ya casi un año entre las páginas de un libro comprado en Moyano, cuyo título no recuerdo, y que andará por ahí en alguna estantería amortajado en papel blanco para protegerlo de las inclemencias de la lectura en el metro.

En el reverso de la fotografía, Azucena le declaraba su amor a Pepe un 15 de junio de 1994, y le exhortaba a que no olvidara nunca que le quería.

Azucena