Flores de Mieza: la estrella de Belén

La estrella de Belén u ornitogalo (Ornithogalum umbellatum) puntea aquí y allá los berrocales del Carrascal con sus estrellas de blanco inmaculado. Su nombre científico se corresponde punto por punto (del griego ornithos = pájaro, y gala = leche) con otro de los otros nombres con los que se la conoce, leche de gallina ó leche de pájaro. Como sus flores se abren a pleno sol y se cierran al caer la tarde, en otros idiomas recibe los bonitos nombres de “dama de las once” (dame d’onze heures, eleven-o’clock lady) ó “siesta” (nap-at-noon).

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El santo al cielo: San Sebastián

San Sebastián, asaeteado como un acerico, es una de esas figuras del martirologio católico que no cuesta identificar en su representación más común y popular. Su imagen puebla las iglesias de medio mundo, desnudo casi por completo, atado a un poste con expresión dolorida y casi extática a causa de las heridas infligidas por los múltiples flechazos, y es uno de los santos a los que se profesa más devoción y desde más antiguo. De forma un tanto chocante, ha llegado a convertirse también en un icono gay.

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Flores de Mieza: el jaramago

Apuntaba con razón Pedro G. camino de Mieza que la flor que teñía de amarillo el campo era el jaramago. Bajo este nombre de innegable origen árabe pero etimología dudosa se conocen diferentes especies de plantas parecidas a la mostaza que crecen con generosa abundancia cuando llega la primavera, y consideradas malas hierbas en general. Las de las fotos en Mieza quizá sean la Diplotaxis muralis, que una señora del pueblo me dijo que llamaban «muronas». La facilidad para crecer en muros y tejados se desprende también de algunos de los nombres por los que se la conoce, como wall-rocket en inglés, o «jaramago de tejados» en castellano. En «Madame Bovary», escribe Flaubert que

Las tapias de las huertas, rematadas en sus bardas con trozos de botellas, parecían arder como el acristalado de un invernadero. Entre los ladrillos habían arraigado mostazas silvestres, y Madame Bovary, al pasar, con la punta de su sombrilla abierta desgranaba en una especie de polvo amarillento las marchitas flores […]

Es una flor muy común, que se ha naturalizado con facilidad en multitud de parajes, y se puede encontrar por doquier, como ésta que aprovechaba el alcorque de un almez cerca de Ventas, en Madrid.

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